Sacando la basura en San Telmo (Parte 2)

julio 15, 2008

Segunda entrega de la crónica de la vecina que saca la basura separando los residuos en diferentes bolsas.

No faltó quien me dijera: “¡Ufa! separar la basura es re-incómodo”. Siempre esperamos que los demás hagan: que cartoneros no rompan, que basureros pasen, que empresas cumplan, que funcionarios trabajen, pero a la hora de hacer algo en nuestro rol de vecinos “es re – incómodo”.

Quien suscribe, insignificante habitante nueva de San Telmo, empezó a sacar la basura en diferentes bolsas con cartelitos que identifican su contenido: vidrio, cartón, papel blanco, plástico, basura en general y comida en buen estado, tal como me sugirió el cartonero Aarón.

Para mi sorpresa, días más tarde encontré en la puerta de mi casa otra bolsa con un papelito escrito. No sé quién habrá sido, pero le digo que me emocionó y me dio un empujón para seguir esta cruzada con la pequeña esperanza de que algo cambie para bien.

Al día siguiente del hallazgo en mi vereda, fui a hacer mis mandados de costumbre y hablé con los comerciantes del barrio, a través de quienes puedo llegar al resto de los edificios vecinos.

Primero, el video club: ahí le conté a Ignacio (tardó mucho en salir del asombro y decirme su nombre, como si nadie jamás desde el otro lado del mostrador se lo hubiese preguntado) y le dejé un aviso invitando al resto de la comunidad a separar su basura para evitar que los cartoneros rompan las bolsas.

Después, en un local de ropa que está dentro del Mercado, hablé con Néstor, quien gentilmente puso un cartel en la vidriera. Seguí por la lavandería y una de las chicas que atiende me contó que algunas personas pasan a buscar por el local plástico y cartones.

Llegó el turno de Juan, el almacenero de Carlos Calvo casi Bolívar, quien me contó que a diario reparte los restos de carne que le quedan y que saca la basura justo cuando pasa el camión recolector: “acá al lado la sacan antes, y no es fácil, yo muchas veces les digo que revuelvan lo que quieran pero que después vuelvan a cerrar la bolsa y me miran hasta ofendidos, me miran mal. Hay de todo, pero no es tan fácil”. Juan también colgó el cartel y estuvo de acuerdo con que la mejor manera era hablar y consensuar entre vecinos y cartoneros.

Seguí con mi campaña basureril, y me crucé con Pablo, Sergio y Alberto, quienes estaban rompiendo unas bolsas sobre la calle Estados Unidos. Me acerqué, me presenté como vecina, y les comenté que en mi edificio sacamos las bolsas con cartelitos para que se las lleven completas y que las que dicen “basura” no les sirven. Les pedí que lo tengan en cuenta, así no rompen las bolsas donde no hay nada que les sea útil.

Incrédulos, quisieron ver la basura clasificada en mi vereda: “¿ya sacaron la basura?”, fue la primera pregunta que me hicieron. Les indiqué cuál es el edificio en el que vivo y les comenté que estoy extendiendo la campaña a todo el barrio para que estén atentos si encuentran bolsitas identificadas. “Buenísimo”, dijeron.

Los saludé y me fui caminando; mientras me alejaba, uno de ellos gritó: “¡Que Dios la bendiga, Doña!”. A ustedes también.

—Carolina Lopez

Anuncios

Sacando la basura en San Telmo (Parte 1)

julio 14, 2008

Carolina, una vecina de San Telmo cuenta como comenzó a sacar la basura de forma diferenciada y como se contactó con los cartoneros para preguntarles ¿Cómo podia ayudarlos?

Asistí a la reunión sobre basura en San Telmo convocada por El Sol de San Telmo, y pude sacar algunas claves de todos los puntos de vista que se expusieron. El primero de los problemas en el que reparé es que “los cartoneros rompen las bolsas de basura” y me quedé con una de las palabras que quedaron flotando en el aire esa tarde: “compromiso”.


Me pregunté qué podía hacer yo, como vecina, y resolví empezar con uno de los cartoneros que rompen la bolsas que dejo en la puerta de casa. Le pregunté qué necesitaba él para no romperlas.
No es fácil hacerlo, hay una densa pared invisible que divide las puertas de los edificios adentro y las puertas de los edificios afuera, especialmente por la noche. No sólo yo la sentía cuando me acerqué, ellos también la sentían y se asombraron cuando me paré a presentarme y a preguntarles qué podía hacer por ellos.


“¿Vos me preguntás en serio?”, me dijo Aarón como si fuera un extraterrestre por pensar en dialogar. Le dije mi nombre, le pregunté el suyo y el de su mujer que estaba con un niño al lado acompañándolo. Cuando todos tuvimos un nombre real y humano el clima se distendió, y le conté cuál era mi idea.

El me preguntó “¿Sabés lo que es reciclar? Podés poner la basura por separado”. A saber: lo que es envases por un lado, papel y cartón por otro, basura en general y comida que se pueda comer que te haya quedado. “Yo también que soy re-humilde a veces no como todo y tiro un poco de comida que se puede comer todavía” aclaró.

Me comprometí a hacerlo y él a no romper las bolsas, pero me aclaró “Si te copás y le ponés un cartelito o algo, al principio te lo van a abrir igual porque no lo van a creer que esa es la verdad, pero con el tiempo cuando entendamos que donde dice vidrio hay vidrio y donde dice que es basura no se puede levantar nada ni lo van a abrir. Imaginate que yo no me voy a llevar lo que no necesito ni me voy a gastar en abrir la bolsa. Yo entiendo al vecino que no es fácil separar porque cada bolsa sale una moneda”.

Pasaron dos cartoneros más, uno de unos dieciocho años y otro de catorce más o menos. Hablé con ellos y Sergio, el mayor, hablaba para adentro, me escuchó y se fue, sin decir palabra, como escapándose de mí. Ezequiel, el más chico, con unos impecables dientes blancos me dio otra sugerencia: que dentro de los envases separemos vidrios y plásticos y los cartones del papel blanco.

Acto seguido acomodé mis diferentes bolsas en la cocina a ver si me acostumbro a usarlas, escribí un cartel que pegué en la puerta del edificio y me dispuse a escribir esta crónica.
—Carolina López