Sacando la basura en San Telmo (Parte 2)

Segunda entrega de la crónica de la vecina que saca la basura separando los residuos en diferentes bolsas.

No faltó quien me dijera: “¡Ufa! separar la basura es re-incómodo”. Siempre esperamos que los demás hagan: que cartoneros no rompan, que basureros pasen, que empresas cumplan, que funcionarios trabajen, pero a la hora de hacer algo en nuestro rol de vecinos “es re – incómodo”.

Quien suscribe, insignificante habitante nueva de San Telmo, empezó a sacar la basura en diferentes bolsas con cartelitos que identifican su contenido: vidrio, cartón, papel blanco, plástico, basura en general y comida en buen estado, tal como me sugirió el cartonero Aarón.

Para mi sorpresa, días más tarde encontré en la puerta de mi casa otra bolsa con un papelito escrito. No sé quién habrá sido, pero le digo que me emocionó y me dio un empujón para seguir esta cruzada con la pequeña esperanza de que algo cambie para bien.

Al día siguiente del hallazgo en mi vereda, fui a hacer mis mandados de costumbre y hablé con los comerciantes del barrio, a través de quienes puedo llegar al resto de los edificios vecinos.

Primero, el video club: ahí le conté a Ignacio (tardó mucho en salir del asombro y decirme su nombre, como si nadie jamás desde el otro lado del mostrador se lo hubiese preguntado) y le dejé un aviso invitando al resto de la comunidad a separar su basura para evitar que los cartoneros rompan las bolsas.

Después, en un local de ropa que está dentro del Mercado, hablé con Néstor, quien gentilmente puso un cartel en la vidriera. Seguí por la lavandería y una de las chicas que atiende me contó que algunas personas pasan a buscar por el local plástico y cartones.

Llegó el turno de Juan, el almacenero de Carlos Calvo casi Bolívar, quien me contó que a diario reparte los restos de carne que le quedan y que saca la basura justo cuando pasa el camión recolector: “acá al lado la sacan antes, y no es fácil, yo muchas veces les digo que revuelvan lo que quieran pero que después vuelvan a cerrar la bolsa y me miran hasta ofendidos, me miran mal. Hay de todo, pero no es tan fácil”. Juan también colgó el cartel y estuvo de acuerdo con que la mejor manera era hablar y consensuar entre vecinos y cartoneros.

Seguí con mi campaña basureril, y me crucé con Pablo, Sergio y Alberto, quienes estaban rompiendo unas bolsas sobre la calle Estados Unidos. Me acerqué, me presenté como vecina, y les comenté que en mi edificio sacamos las bolsas con cartelitos para que se las lleven completas y que las que dicen “basura” no les sirven. Les pedí que lo tengan en cuenta, así no rompen las bolsas donde no hay nada que les sea útil.

Incrédulos, quisieron ver la basura clasificada en mi vereda: “¿ya sacaron la basura?”, fue la primera pregunta que me hicieron. Les indiqué cuál es el edificio en el que vivo y les comenté que estoy extendiendo la campaña a todo el barrio para que estén atentos si encuentran bolsitas identificadas. “Buenísimo”, dijeron.

Los saludé y me fui caminando; mientras me alejaba, uno de ellos gritó: “¡Que Dios la bendiga, Doña!”. A ustedes también.

—Carolina Lopez

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