Encuentro

En 1869, Lautremont, pseudónimo del poeta franco-uruguayo Isidore Lucien Ducasse, halló la belleza en “el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección” (Los Cantos de Maldoror, canto VI, estrofa 3).
Años más tarde, allá por 1935, nuestro Enrique Santos Discépolo se lamentaba por el encuentro ya no tan bello (ni tan fortuito) de la Biblia con un calefón.
Más cerca nuestro, mucho más cerca, hace unos días, en la esquina de Perú y Diagonal Sur de nuestro Casco Histórico, ni bello ni fortuito, llora un tacho de basura roto por el vandalismo junto a una garrafa abandonada, en una esquina de veredas rotas.

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