No son pocos los que afirman que la devoción hacia figuras como el Gauchito Gil o Ceferino Namuncurá crece a pasos agigantados en todo el país. Es muy común ver al costado de la varias rutas provinciales modestos altares erguidos en su memoria.
La piedad popular indica que a la Difunta Correa hay que dejarle botellas con agua en agradecimiento a los favores concedidos.

Al ver escenas como ésta a metros de la Casa Rosada uno se pregunta ¿Los porteños nos estamos volviendo más creyentes o simplemente más irrespetuosos con el prójimo?


